Detrás de las pantallas

Expresión que se ha convertido en un lugar común cuando de comunicarse utilizando la tecnología se refiere, sea desde un móvil o un computador, ahora estamos detrás de las pantallas y en consecuencia allí queda definido el estilo a adoptar.

Formas de hablar, horarios para escribir y para responder, alguna manera habrá para no dejarnos absorber por un entorno cada vez más demandante y presente en el quehacer humano

¿Acaso puede la tecnología superar los cercanos descubrimientos que se producen  cuando escuchamos con atención o miramos a la cara de quien es nuestro interlocutor?

Leí más de una vez cuando de un chat se trataba “…te tardaste tanto en responder que pensé que ya no estabas allí…”, o si eran correos “…te olvidaste de mí, no me leíste y era importante…” Pues osada yo que simplemente dejo los mensajes y espero a que puedan responder cuando tengan tiempo de leerlo.

Lamentablemente la fuerza de la inmediatez obliga a no esperar ya por los mensajes de vuelta. Tampoco a detenerse para captar la resonancia emocional. Dichosas las redes sociales en las que todo pareciera marchar de maravilla, una realidad que se descubre a la hora de abandonar las máscaras al menos para ir a dormir.

Olvidada queda la cuidadosa selección de las palabras adecuadas, necesarias cuando las sutilezas de la empatía te ayudan a saber qué es lo que la otra persona detrás de las pantallas necesita leer, aún y cuando esta la propuesta novedosa que dice “…déjame ver si con una nota de voz te entiendo mejor…”.

Apenas una parte de lo que transcurre detrás de las pantallas, mientras se ha vuelto difícil abrir espacios en la agenda para sentir la cercanía de un abrazo. Casi necesario como bocanada de oxígeno el intento por describir un nuevo verbo para la RAE: desvirtualizar, dícese de la acción de salirse del mundo virtual y volver al modo de ser humanos.

Mención aparte merece la nota jocosa de quienes no acostumbran a leer en el chat, ni en ninguno de los espacios virtuales; la consigna tecnológica consolida aún más la rebeldía de quien, ya antes de estar detrás de las pantallas, se salta las normas e instrucciones.

La tecnología, un mundo organizado

 

Detrás de las pantallas se vive bajo códigos para ayudar a sus ciudadanos a no perder la afectividad. Menuda tarea tratar de replicar de forma paralela la tan hermosa e imperfecta creación de Dios, hecha seres humanos.

Me refiero esta vez a las caritas y expresiones, como les llamo yo a los emojis,  detrás de las pantallas con las que puede ser difícil a veces  descifrar con precisión cuál imagen corresponde. Son cosas en las que ayuda la empatía que antes mencioné.

Y qué hacer cuando quisieras brindar acompañamiento a alguien que en sus palabras expresa dolor y sufrimiento, o solidarizarte con quien es objeto de injusticia o trampas virtuales. La voz serena y cálida sigue siendo la mejor y más cercana alternativa para la atención online.

Si bien hay símbolos sencillos como una flor, o las palmas abiertas de las manos acompañadas de un corazón en señal de solidaridad o de un sentir similar, es necesario ser cuidadosos para no utilizar un código que genere el más genuino rechazo y repudio; o cambiar letras por signos para evitar el riesgo de ser bloqueado en el intento por interactuar y expresarse.

Detrás de las pantallas
Detrás de las pantallas

Sin Romantizar la elección al comunicarnos

 

A veces, hay mayor anhelo en recibir, leer o escuchar esos mensajes detrás de las pantallas, de nuestra gente, nuestra tribu, nuestra familia, que no es necesariamente la misma en la que nacimos sino la que fuimos adoptando en el camino.

Aunque esté claro que un gesto mínimo de cortesía cuando asistimos a eso que se conoce como “un compartir” es dejar fuera de la conversación el celular, a menos que uno de los integrantes del mismo esté presente de manera virtual. Una vez más costumbres y usos cambiantes, ¿buscamos la cercanía a pesar de las dificultades para “conectarnos” o rehuimos de ella?

 

Como ya es costumbre, una reflexión

 

La tecnología puede llegar a estar presente como un ladrón furtivo que se lleva las mejores oportunidades de aprender a relacionarnos en espacios reales; también los momentos más preciados del compartir y la escucha sin necesidad de un por qué, ni de una estrategia o de una planificación. Dependerá de nosotros hacer que estando detrás de las pantallas podamos construir espacios para compartir las buenas nuevas y las que no lo son tanto, de manera auténtica y cercana.

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Rosa Masi

Emprendedora del Programa Cuidar de Ti... Convencida de la importancia de reconocer y validar nuestras emociones para aprender a relacionarnos con nosotros mismos y con los demás desde el adulto sano

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