Educación y Enseñanza en tiempos de Pandemia. Una realidad diferente en Venezuela

El reto de la nueva realidad

“Mis chamos están en el sistema público y eso es todo un tema, la forma de enseñar, la poca adaptación de los procesos didácticos a la tecnología disponible. Y del hecho de que no se ha entendido o no se ha terminado de aceptar que los niños de ahorita no son como nosotros, ni siquiera como niños de hace 20 años. Piensan y aprenden diferente y los seguimos enseñando como hace 50 años…”. Comentarios de un representante que acepto y busca mecanismos que le funcionen a su familia y se involucró en el proceso.  

Pero no todos lo ven con estos ojos. Es así como surge entonces el primer debate que es relacionar la nueva escolaridad venezolana con estudiar en casa, o el Homescoling como lo llaman en inglés, que ha tomado por asalto los hogares de la mayoría, dónde se enfrentan al factor tiempo, acceso a la tecnología (bien sea por falta de internet o equipo), fallas eléctricas o simplemente conocimientos para poder guiar a los jóvenes con respecto a sus contenidos de clase. Y el debate se presenta en dónde la educación deja de serlo para transformarse en “enseñanza” en la cual existe una triada protagónica indispensable para que el resultado sea el esperado: profesores, padres (o representantes) y por su puesto el estudiante; este trío debe trabajar en equipo (y entiéndase equipo como colaboradores) para alcanzar el objetivo, no puede, ni debe haber disputas entre las partes.

En una primera postura está el docente que estaba acostumbrado a impartir clases en el aula y a preparar un contenido para un grupo de estudiantes, dónde cualquier duda de alguno podía aclararla allí y pasar al siguiente tema. Pero esta nueva situación amerita planificar en base a contenidos que el estudiante pueda digerir, que les motive a investigar, que despierten el interés y que creen un juicio crítico del estudiante, con ayuda o guiatura del docente y de sus padres. Además de eso, el profesor muchas veces no cuenta con la tecnología ni los conocimientos para generar contenidos didácticos a distancia y de manera asíncrona (termino que implica aprender en otro momento no con el instructor en frente).

En el siguiente lado están los padres, que trabajan fuera o en casa. Que tienen el tiempo complicado, y que la escuela además de enseñar a sus hijos también le brindaba un lugar seguro donde sus hijos estaban mientras ellos laboraban. Ya eso no es así, ahora muchos deben resolver dónde estarán sus hijos (si los papás trabajan fuera de casa) quien los ayudará con las tareas (muchos pagan asesoría externa) y como accesan a los contenidos si no poseen Internet o los equipos necesarios para ello. Los que se involucran en el proceso, por lo general no tienen los conocimientos, ni la paciencia, ni la disciplina, y carecen de la pedagogía para guiarles; haciendo todo el proceso mucho más complicado para el estudiante por un lado, y por el otro a unos padres añorando que regresen las clases presenciales.

Y en el último lugar, está el eslabón más débil y perjudicado de la triada: El Estudiante. Un chamo que estaba acostumbrado a cumplir con sus clases pero también con su grupo del cole, los juegos y la dinámica divertida de compartir en clase. Cumplía con un horario, un uniforme y una disciplina que hoy día no tiene, y que piensa que por estar en casa ahora, nada de eso vale… “total para que si nunca salgo de aquí, puedo levantarme tarde y pasar el día en pijama” allí es donde debemos como padres y profesores ser muchísimo más disciplinados y planificar cada minuto de la rutina diaria de los chicos y la propia. Para brindarle las herramientas necesarias que le permitan a todos los involucrados lograr un objetivo satisfactorio.

 

Todo este panorama lo vivo como docente en ejercicio y coordinador de comunicaciones en un liceo cercano a mi lugar de residencia, conozco mis estudiantes y a sus padres, por lo cual sabemos la realidad de muchos y además, también estoy al tanto y entiendo la realidad de los docentes. En mi experiencia como docente universitario (que me permitió formarme como docente bimodal), siempre pensé que no estábamos preparados para un sistema totalmente a distancia. Por lo tanto sugiero a padres, representantes y docentes, algunas premisas para llevar a feliz término este proceso:

Recomendaciones para mejorar la experiencia de las clases a distancia

Una vez que se ha entendido todo lo complejo y fascinante que puede ser recibir e impartir clases a distancia, me atrevo hacer algunas recomendaciones (humildemente), que desde la experiencia propia puedo asegurar que mejoraran significativamente la experiencia para todos los involucrados, las mismas se detallan a continuación:

Lograr una experiencia asíncrona. Dados los inconvenientes de los servicios, los tiempos y la disponibilidad de estudiantes y/o docentes, debemos implementar actividades que permitan a Padres, Representantes y Estudiantes visualizar los contenidos en tiempos diferentes. Nosotros aprendimos estando en un salón de clase, en vivo y directo, con el docente y los compañeros compartiendo en un mismo espacio, pero esta modalidad demanda manejar otros formatos de contenidos (audio, video, imágenes, entre otros) didácticos y atractivos para los jóvenes. Podemos venderles a los estudiantes la idea de que están aprendiendo por niveles, y que para avanzar al próximo nivel, deben superar este (así como en un video juego).

Crear contenidos pedagógicos puede ser interesante. En esta modalidad de estudio, no podemos proponer tareas de 50 páginas como antes, donde posiblemente el estudiante copie y pegue todo lo que encuentre en Wikipedia, o hacer un video por Zoom larguísimo, o una nota de voz por Whatsaap que dure media hora, donde el joven tal vez se duerma. En este punto el contenido es el rey, por lo que la sugerencia es crear un contenido que haga pensar, reflexionar, crear, que le provoque investigar más, incluso generar sus propios contenidos alrededor del tema. ¿Quién digo que la educación no puede ser también divertida?

El docente no enseña, es un guía. Esto es todo un reto, sin embargo al diseñar un contenido asíncrono, didáctico y divertido, debemos especificar todas las instrucciones, facilitar material de apoyo, e incluso establecer sesiones de preguntas para aclarar dudas, por lo que todo esto nos convierte en asesores, esto construirá las bases de un mejor sistema educativo.

La educación a distancia tiene tres valores importantes, sin ellos no funciona: Responsabilidad, Solidaridad y Ética. Ni los padres deben hacer las tareas, ni las rutinas dejaron de ser diferentes. Las asignaciones tienen fechas y horas de entrega, los horarios no tienen porque cambiar; debemos ser solidarios con los compañeros docentes, padres y con los estudiantes; considerar que no todos tienen las mismas posibilidades, oportunidades ni recursos, pero unidos se puede construir más.

La planificación como la base de la estructura de una rutina sana. Al planificar todas las actividades diarias, por actividades, horas, acciones, responsables y recursos; se podrá cumplir con un máximo de objetivos y lograr la tan ansiada productividad. Es un hecho que ahora todos estamos en casa trabajando, estudiando y hasta divirtiéndonos, por lo tanto administrar toda actividad permitirá lograr todo lo propuesto.

Fuente: Tertulia Digital (Enseñanza en casa).

 

 

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Yolimar Padrón

Soy una profesional del marketing tradicional, incursionando en el área digital. Mercadologo de profesión y docente de corazón. Disfruto de aprender cosas nuevas y soy mamá de #BebyAlexa

1 comentario en “Educación y Enseñanza en tiempos de Pandemia. Una realidad diferente en Venezuela”

  1. Sin duda un reto que apenas comienza. El ensayo se ha dado a nivel global donde todos fuimos convocados sin invitación previa. Este contexto especial no se da solo en nuestro país existen colegas de países cercanos que también han transitado una serie de situaciones particulares. Como bien señalas hay un trabajo colaborativo elemental que debe darse en la triada padres, docentes y estudiantes, donde todos en menor o mayor medida según el rol que representemos, apuntemos a mejorar nuestras competencias digitales, habilidades blandas y otros elementos que puedan contribuir a que este proceso de aprendizaje sea más amable. Los resultados y consecuencias apenas comienzan a aflorar.

    Algunas circunstancias son positivas pero la realidad la veremos posiblemente en los próximos años, cuando esta generación apunte a formar parte de la población activa de esta sociedad.

    Cada uno desde nuestros espacios podemos aportar y remar para que el barco llegue a buen puerto. ¿Sencillo? posiblemente no… pero no es imposible si se suman voluntades, los participantes de este proceso aprenden haciendo y apuntan a otras expectativas de vida, así que el cambio de paradigma es vital.

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